Antes, la innovación abierta era entendida como un espacio paralelo al negocio. Un laboratorio para experimentar, probar tecnologías emergentes o acercarse al ecosistema emprendedor. Esa etapa cumplió un rol importante: permitió que las grandes empresas conocieran nuevas formas de innovar y que las startups encontraran una puerta de entrada al mundo corporativo.
El contexto actual exige un cambio de mirada. En un entorno donde la tecnología avanza a gran velocidad, la innovación ya no puede depender de iniciativas aisladas ni de proyectos que terminan cuando concluye un piloto. La innovación abierta debe convertirse en una capacidad permanente de la organización, integrada a la estrategia y orientada a resolver problemas concretos del negocio. En Parque Arauco entendimos este desafío y encontramos en el Venture Client un habilitador clave para conectar la estrategia con soluciones reales.
A diferencia de otros mecanismos de relacionamiento con startups, este modelo no busca invertir en empresas emergentes ni incubar ideas prometedoras. Su lógica es mucho más simple y, al mismo tiempo, más transformadora: la empresa actúa como cliente de una startup para resolver un desafío específico mediante una solución tecnológica ya desarrollada. Cuando este proceso está bien diseñado, el resultado va mucho más allá de una prueba piloto, se traduce en eficiencia, aprendizaje organizacional y ventajas competitivas sostenibles.
El verdadero potencial del modelo está en institucionalizar la capacidad de trabajar con startups de manera constante. Durante mucho tiempo, la innovación corporativa estuvo asociada a convocatorias masivas, hackatones o pitch days. Estas acciones evidenciaron que la mayoría dependía del entusiasmo de equipos específicos o de liderazgos individuales, sin generar cambios estructurales en la forma de operar de la organización, algo que solo se logra cuando las startups se integran de manera permanente.
La madurez del ecosistema emprendedor en Chile y lo que buscamos las empresas está avanzando a conectar los desafíos de innovación con los objetivos estratégicos de las compañías, establecer procesos claros para trabajar con startups, reducir barreras legales y administrativas, definir mecanismos de evaluación compartidos y entender que el aprendizaje que deja un piloto fallido también genera valor.
Esa diferencia cambia completamente la conversación, ya no se trata de cuántos pilotos se ejecutan al año, sino de qué tan preparada está la empresa para incorporar innovación externa como parte de su operación habitual.
Desde esa perspectiva, institucionalizar un modelo de Venture Client entrega beneficios que trascienden la innovación misma. En primer lugar, permite gestionar mejor el riesgo, al validar distintas soluciones frente a desafíos complejos antes de comprometer inversiones significativas en desarrollos propios. En segundo lugar, acelera la incorporación de tecnologías que ya han demostrado su valor en otros mercados, reduciendo considerablemente los tiempos de implementación, lo que se traduce en un menor costo de oportunidad y un retorno de inversión más rápido. Y, quizás lo más importante, genera un cambio cultural al involucrar directamente a las áreas operativas en la identificación de problemas y la validación de soluciones.
Bajo este modelo, hemos comprobado en nuestra operación que los mejores resultados no provienen de buscar startups para innovar, sino de partir desde los desafíos reales del negocio, ya sea optimizando la eficiencia energética de los activos, mejorando la experiencia de nuestros clientes finales y locatarios. Cuando una necesidad estratégica está claramente definida y existe compromiso de las áreas involucradas, las probabilidades de generar impacto aumentan de forma significativa. La startup deja de ser un proveedor experimental y pasa a convertirse en un socio capaz de aportar capacidades que la organización necesita desarrollar con rapidez.
En la región existe un ecosistema emprendedor más sofisticado, corporaciones con mayor experiencia y tecnologías cada vez más accesibles. Sin embargo, el reto ya no es iniciar ese camino, sino consolidarlo.
Las empresas que marcarán la diferencia en los próximos años serán las que logren incorporar el Venture Client como una capacidad de negocio permanente, capaz de conectar estrategia, operación y tecnología en un mismo proceso. Porque, al final, la verdadera innovación no ocurre cuando una prueba funciona, ocurre cuando la organización tiene instalada dentro de su cultura la capacidad de innovar constante y permanentemente en toda la cadena de valor.